SOBRE EL AUTOR…

Aficiones, etc.:

Siendo un regular estudiante, desde muy temprano, en la escuela, me dedicaba, sí, a estudiar a contracorriente, porque lo que a mí me gustaba era dibujar, así que tenía todos los libros manchados con mis garabatos (toreros, artistas de la pantalla, etc..) y como no se me daba mal, sino todo lo contrario, hasta gané, con diez o doce años, algunos premios de andar por casa, pero que – me acuerdo con nostalgia – me valieron algún dinero.

Pronto cambié el lapicero y la tinta por los pinceles y la pintura al óleo que he cultivado hasta hace, más o menos, seis o siete años. Siempre autodidacta, no había entonces oportunidades ni medios.

Sin embargo con lo que he disfrutado más ha sido con la lectura primero – que sigo cultivando—y la escritura algo más tarde, resultado lógico, creo, de la lectura de todo cuanto caía, y cae, en mis manos. He escrito tres novelas (“El palomar”;“La letra pequeña” y ésta, “Daguerrotipo”, y dos decenas de cuentos (un segundo premio y tres accésit)

Autores preferidos:

De la lectura, quizá por la cercanía geográfica, tengo que señalar como primera referencia las novelas de gente de tierra adentro (Delibes y su “diario de un cazador”, “el camino”, etc.;  Umbral, del que he leído casi todo, – su “mortal y rosa” me impresionó, no lo esperaba), los Goytisolo, J. Marsé, Galdós (su Doña Perfecta me parece, en efecto, perfecta; Unamuno (Niebla, sobre todo). En el colegio, tras un simulacro de lectura del “Quijote”, me entró el gusanillo y con, creo, dieciocho años, lo devoré en diez o doce días. Igual me pasó, por cierto, con “Cien años de soledad” de Gª. Márquez, que leí mientras pasaba una gripe, en la cama; L. Alas “Clarín” y su obra casi increíble “La Regenta”. J.D. Salinger (El guardián entre el centeno fue un descubrimiento tardío que hay que releer). Dickens, Kafka, metamorfosis, el proceso, diarios; Alejo Carpentier (El siglo de las luces);

Azorín, A. Machado, Valle-Inclán, Unamuno, Pío Baroja

Camilleri, Màrais, A. Tabucchi, Tolstoy, Dostoiesky (Crimen y castigo),  G. Flaubert (M.Bobary), Clarín (La Regenta),  Camus (El extranjero).

Y en Poesía, quizá por este orden: Machado, Quevedo,  Garcilaso; a partir de Góngora, la generación del 27 (Cernuda, Lorca, D. Alonso, M. Hernández, León Felipe…

Fuentes de inspiración: Con estos antecedentes –la lectura y mi experiencia vital – mi  inspiración no podía ser otra que lo revivido, inventado, imaginado, rememorado en cada uno de los momentos en que la lectura te trasciende – te secuestra, casi—y, sacando fuerzas de flaqueza de no se sabe donde, la emprende uno con algo que casi desconoce pero que trata de inventar y a veces, casi nunca, lo consigue.

Concretando, mi inspiración – si puede llamarse así— viene de Umbral y Delibes, primero; del Cela de los primeros tiempos ( La familia de Pascual Duarte, La colmena, etc.); del Quijote; de Márquez; de los poetas (Gil de Viedma, al que conocí cuando coincidimos, solo unos ratos de nada, en Nava de la Asunción); Garcilaso; Góngora; Boscán; Quevedo; Tirso de Molina; Bécquer; Cernuda; J.R.Giménez; A.Machado; Blas de Otero; Ángel González, y otros muchos.

Habría que añadir que, después de las dos primeras novelas, esta tercera la empecé quizá como un divertimento, a partir de recuerdos casi soñados, pasados por el filtro de un roñoso instrumento de daguerrotipia, que los emborrona y difumina. Después, el cultivo va madurando y toma al fin cuerpo,  y un estilo propio, los personajes aparecen, se quedan, obran a su antojo, … ,y la situación y los sucesos se precipitan bajo una lente deformada y deformante y surge, casi sin querer, algo que no estaba en el proyecto inicial, como sucede, según tengo entendido, a muchos escritores.

Claro que aquí no termina  la inspiración que uno pueda tener. Influyen, creo, otros muchos factores que, a veces sin querer, condicionan, para bien o para lo contrario, la predisposición e influencia que algo, concreto o abstracto, ejerza realmente, a veces sin ser consciente, la facultad de escribir. Y de disfrutar escribiendo. En mi caso ha ejercido una gran influencia, tardía pero efectiva, mi incontrolable afición a la música clásica. No sabría explicar la razón, no tengo ninguna certeza, pero me posee el prurito de que la música ha constituido un estímulo catalizador para adentrarme en la literatura. Es sorprendente, sin duda, pero así lo veo.

Así que mis compositores favoritos son, sin prelación ninguna, aunque uno tiene, naturalmente, sus debilidades: Mozart, sobre todos, y sobre todo “Las bodas de Fígaro”; Mascagni, Rossini, Verdi, H. Purcell, después todos los demás, desde el gran Beethoven, Shubert, Mendelssohn, Chopin; Wagner; Tchaikovsky; Händel, Bach, etc., etc.,

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